47. La horrible agonía de un médico
- Todas las mañanas el Dr. Pepe, el padre de Ana, la actriz que escribía la historis de su padre en el Seguro Social Campesino de Esmeraldas aprovechaba para correr desde Same a Tonchigue.
- Era una distancia de algo mas de tres kilómetros y de regreso nadaba al menos una hora.
- Al llegar a Tonchigue el médico legaba al lugar donde esperaba el bus o la ranchera, que lo llevaba los lunes, miércoles y viernes a Quingue y los martes y jueves al Cabo San Francisco.
- Mientras el bus llegaba, aprovechaba para comer un encebollado, que le permitía resistir hasta las 5 de la tarde, en que volvía de Quingue.
- En Quingue no había donde comer, sólo podía tomas una gaseosa con pan, al medio día, para continuar trabajando.
- En El Cabo San Francisco, comía siempre en el mismo restaurante, donde también comían los médicos del subcentro del Ministerio de Salud.
- En el bus lo más agradable era viajar con el dentista, que era una persona de mas de 60 años, el Dr. Fulton.
- El Dr. fulton era un hincha a muerte del Barcelona de Guayaquil, que vivía o moría cuando el equipo de sus amores ganaba o perdía.
- El Dr. Pepe consideraba al bus que le llegaba hasta Muisne o la ranchera que le llevaba Quingue, un laboratorio social, donde podía ver el comportamiento social de las personas de este cantón de Muisne , donde estaba nuevamente trabajando.
- Como siempre los buses eran lleno de música ballenato, llorón, que aborrecía, de canciones románticas, que toleraba mas o de los insoportables narcocorridos.
- Luego de un mal trabajo que le hizo una dentista en Quito, que había estudiado su maestria en Brasil y que le cobró muy caro, su mordida cambió.
- Eso le dificultaba morder carne. Impaciente al morder una y otra vez un pedazo de carne, que estaba dura, lo tragó pero se atragantó.
- Sentía que le faltaba la respiración y que se moría.
- Las personas del restaurante desde la dueña acudieron a ayudarla pero le golpeaban en la espalda, mientras agonizaba.
- Salió a la calle y antes de subir en un auto que la llevaría al hospital de Muisne, alli recibió un último golpeen la espalda, de un hombre fornido que le complicó más.
- En el hospital de Muisne las maniobras para expulsar el pedazo de carne no sirvieron.
- Lo a enviaron a hospital del Seguro Social, de Esmeraldas.
- Procuraba estar siempre boca abajo en el trayecto mientras se ahogaba.
- En emergencias sucedió lo que decía a su pacientes, le atendió un estudiante de medicina que estaba perdido y luego un médico gay.
- -No se ve nada en la garganta- le dijo luego de examinar con un bajalenguas- debe ser un reflejo nada mas y le aplicó anestésico dental en la garganta, que complicó el cuadro clínico.
- Se lanzó a tropezones fuera de la camilla que ocupaba y tomó oxígeno de una cama vecina.
- Se acostó boca abajo en la camilla, mientras botaba la saliva como nunca, para evitar una neumonía por aspiración, e inhalaba deseperadamente el oxígeno .
- Casi sin poder hablar, le llamó al médico que estúpidamente le puso el anestésico en la garganta y le hizo escuchar la garganta con el estetoscopio.
- - Escuche por favor, va a oír que no circula el aire va a oir un burbujear- le dijo jadeando y casi sin voz.
- El médico escuchó y confirmó que había obstrucción, lo envió al quirófano. pero no estaba el de turno el gastroenterólogo, que fue compañero de su padre en la Universidad Central de Quito.
- El anestesiólogo, un venezolano, lo sedó y le hizo una exploración instrumental. Cuando despertó seguía el problema.
- Estaba en la habitación donde vinieron a visitarlo, el dentista y su auxiliar de Quingue que pasó el drama con los pandilleros.
- - Tenemos que usar un gastroscopio y sacar con la pinza o empujar el pedazo de carne al estómago-le dijo el gastroenterólogo amigo de su padre al dia siguiente
- - Pero el hospital no tiene gastroscopio.
- - ¿Quién tiene un gastroscopio en Esmeraldas ? -Logró preguntar casi ahogándose, luego de 16 horas de agonía.
- - Yo, pero en mi consultorio.
- En ese momento lo llevaron a la dirección, para trasladarla al consultorio privado del gastroenterólogo.
- Entonces llegó el director del Seguro Social Campesino, el Dr. Crabalí , que le ayudó para que el Seguro pague por lo que haría en su consultorio privado.
- Al llegar al dispensario, también llegó Doña Vero, su esposa, la madre Ana, que al enterarse vino desde Quito para acompañarlo, pensando que lo vería muerto.
- El procedimiento fue sencillo, el gastroenterólogo empujó el trozo de carne al estómago, de inmediato pudo volver a respirar con normalidad.
- Fue como volver a la vida. Un momento maravilloso, tras 16 horas de agonía, respirar normalmente se hizo estar consciente de que sobrevivió milagrosamente.
- El que el Seguro no tenga un gastroscopio operativo y que si lo tenga el gastroenterólogo del hospital, en su consultorio, que los pacientes tengan que pagar al médico de hospital por la consulta en su consultorio privado, era algo que su padre lo había visto en los años 80 con los médicoso del entonces Hosipital Franklin Tello, que usaban al hospital para captar pacientes.
- Aquel drama le recordó el drama que vivían los pacientes de Esmeraldas cuando su padre hizo el internado en el hospital provincial de emergencia, pues el otro se había quemado.
- En aquellos tiempo, los medicos dañaban o contaminaban los quirófano, robaban las placas radiográficas, para que los pacientes vayan a pagar por las radiografías o pof los exámenes de laboratorio e incluso los enviaba a comprar medicinas en sus farmacias, o por las operaciones en su clínicas privadas.
- Pero su amigo y compañero en la universidad, el gastroenterólogo le salvó la vida, por ello le estaría eternamente agradecido,
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