36. El dramático funeral de un coyotero
- Era otro domingo mas en el pueblo de Tonchigue, el sol no faltaba.
- De los 365 días al año, máximo 60 llovían, los restantes eras días sin lluvia, claros en su mayoría, excepto de julio, a septiembre, en que con las ballenas que llegaban, el cielo se llenaba de nubes, y el mar se ponía frío.
- En la playa. los domingos el pueblo salía, unos jugaban futbol playero, otros se sentaban en sus sus trajes de baño en la arena, siempre caliente al medio día, era el tiempo bueno para conversar, reír, coquetear.
- Los niños dibujaban figuras en la arena, o con sus padres caminaban hasta Same, jugando con la olas, con los perros, o recogiendo conchas.
- En ciertos aguajes, cuando el mar se interna y al mismo tiempo se aleja mas, el ancho de la playa podía ser de hasta cien metros, entonces los churos y pequeños cangrejos rojos, llamados quinquiguas, estaban por todas partes.
- Esta felicidad de la naturaleza y las personas, era como un homenaje al día en que los pescadores no iban a pescar hasta la noche, en que nuevamente se embarcaban.
- Con la noche volvían al mar para saltar la olas con su lanchas y canoas, rumbo a una oscuridad infinita, que llegaba luego de un sol dorado, que pintaba con matices el horizonte y el agua.
- Ana se aprestaba a regresar a su cuarto después de merendar viendo la puesta del sol, cuando la vinieron unos pacientes de su padre para contarle la vez que le pidieron al Dr. Pepe que resucite a un muerto.
- El Dr. Pepe con lo necesario fue hasta una casa, donde decían que alguien agonizaba, pero ya lo tenían velando.
- -¡Por favor doctor, el muerto no está muerto, respira, lo hemos visto todos y hasta movió los ojos¡- gritaba la esposa del difunto.
- El doctor lo examinó una y otra vez, pues todos los que lo velaban aseguraban que estaba aun vivo.
- -¿Cuándo murió?- Preguntó a la mujer del difunto que no paraba de gritar, llorar y repetir que estaba vivo y que lo sacaran de ataud.
- - Hoy en la mañana-contestó otro familiar que estaba menos alterado.
- - ¿En qué lugar?
- - En el parque. Le dio algo como infarto, porque sólo dio un grito, se llevó la mano al pecho y cayo al piso. Después, ya no reaccionó.
- -¿Comió o bebió algo?
- - Venga doctor, hablemos afuera, aquí hay mucha gente y están histéricos-dijo el hombre que lo fue a ver en el dispensario.
- El doctor salió a la calle donde la gente vestida de duelo seguía llegando.
- Entraron en un auto y el hombre le comenzó a contar los ocurrido.
- Doctor, llegamos de un viaje muy largo por Centroamérica, nos fimos con unas personas que querían entrar por Guatemala, a Estados Unidos, los dejamos y nos vinimos.
- Fuimos al night club, comenzamos a beber, nos pegamos unos pitos de marihuana, aspiramos la blanca, usted sabe cocaína, después sexo con las chicas y fresco los colores.
- Por la mañana salimos para nuestras casas y vea, en el parque el hombre caio, y quedó tieso.
- El doctor volvió a la casa a examinar al muerto.
- -¡Esta vivo doctor!. ¡ Esta vivo!.- lo repetían casi en coro los asistentes.
- -¡Usted tiene que revivirlo o no sale de aquí¡- Le dijo al esposa de difunto enfadada.
- -Señora, muchas veces los muertos parecen vivos, pero le he tomado la presión, venga, mire las pupilas......¿Ve que no reaccionan a luz?... Eso significa que está muerto.
- -¡No es cierto!- Gritó rabiosa la mujer, no pueden enterrar a un hombre vivo.
- La multitud le impedía al doctor salir.
- El lugar se comenzó a contaminar por la histeria, otras mujeres repetían que el cadáver que estaba en el ataúd, respiraba.
- -Usted no sale doctor hasta que lo reviva.
- -Haré lo posible, pero necesito ir al dispensario, tenemos que comprar en la farmacia medicinas para reactivar el corazón.
- Tomó el bazo del amigo del muerto que lo había acompañado a Centroamérica y juntos se abrieron paso ente los asistentes.
- Las personas se turnaba para mirar y comprobar que el muerto respiraba.
- Una vez en la calle, fueron a la farmacia.
- - Voy a preguntar si tienen adrenalina, espéreme a aquí, ya le digo cuando vale.
- El doctor entró en la farmacia.
- -Señor haga un favor, ¿tiene la casa otra puerta para escapar de ese hombre que me acosa?
- - Si doctor, venga por aquí.
- El doctor salió por la puerta posterior de la farmacia a otra calle, discretamente se dirigió en un triciclo a la estación de policía para pedir protección.
- -El hombre que acompañaba al médico entró en la farmacia - ¿Donde está el doctor?
- -Ya se fue, no encontró adrenalina. Dijo que la iba a buscar en el dispensario.
- La estación de policía cruzando la carretera, estaba cerradas.
- Ese rato llegó un bus y logró embarcarse que lo llevó a Atacames, sin que nadie se diera cuenta.
- En Atacames, fue al comando de la policía, que envió un patrullero a Tonchigue para investigar lo que ocurría.
- Ana recordó que su padre luego de ese incidente fue a una cafetería del parque central de Artacames.
- Tomaba un café aun temblandi y pensando en lo peligroso que fue aquel momento en que se vio atrapado en una histeria colectiva.
- Esa misma noche, sacó dinero del cajero automático que del banco que estaba en el parque, y se embarcó rumbo a su casa en Quito.
- Esa historia que le contaban era la misma que le contó su padre sl llegar a la casa en Quito.
- Recordó que ni bien ella le abrió la puerta, su padre la abrazó con fuerza y lo mismo hizo con su madre y a su hija.
- -Fue un momento terrible-les dijo
- Todos estaba gritando que está vivo. se vivía la locura colectiva en esa casa donde velaban al muerto.
- ¡TIENE QUE REVIVIRLO O NO SALE VIVO¡ le decían.
- Asi fue, el doctor estaba rodeado por decenas de personas que lo querían linchar si no revivia al muerto- le confirmó las mujeres que narraban a Ana aquel momento que vivió su papá.
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