28. El bisnieto de un narco.
- Don Gracia, el dueño del barrio de los narcos, al otro lado del Río de Los Milagros, estaba muy agradecido con el padre Ana. el Dr Pepe, porque le ayudo en el parto de su hija Gioconda.
- Su hija no quería dar a luz en el hospital y le llamaron al doctor cuando se presentaron los dolores de parto.
- El doctor dormia en el pueblo, cosa que no lo hacías los médicos del subcentro del Ministerio de Salud, y por eso le era posible atender los partos sea en el dispensario de los pescadores o en las casa.
- Los además los otros médicos no atendían partosñ
- El Dr, Pepe estaba a punto de salir a correr por la playa para hacer sus ejercicios aeróbicos y de yoga. pero tomó lo que podía necesitar para atender a 'Guiocoda.
- Tomo la corneta de pinar, el tensiómetro, el estetoscopio, el termómetro, los guantes, hilo de sutura, anestésico, desinfectante, ligas para ligar el cordón umbilical
- Llegó en una de las tricimotos, que abundaban en el pueblo.
- El billar estaba cerrado, entraron por una puerta lateral, en la habitación en la que ya estaba la partera, con todas las mujeres viejas y paridas de la familia.
- Tras el examen, siendo primeriza, se dio cuenta que tardaría al menos 8 horas antes de empezar la verdadera labor de parto.
- - ¿Está segura que quiere dar a luz en la casa?-volvió a preguntar a la joven que apenas tenía 18 años.
- - Si, doctor, no me gusta como tratan en el hospital a las parturientas. La enfermeras son muy groseras desde que uno llega, y los médicos también.
- En realidad había una gran diferencia entre el parto domiciliario y el parto en hospital.
- En el hospital a las mujeres en parto, las enfermeras y los médicos les gritaban, las aterrorizaban, para que hagan mas esfuerzo, en el rato en que el niño estaba coronando, a punto de salir.
- Luego, cuando el niño salía, había demasiada luz artificial, de inmediato la enfermera le raspaba su delicada piel con una tela, para quitarle el vérmix caseoso, ese sebo que le protege, finalmente le clavan agujas con vitamina K y con el antígeno para el tétanos.
- La parteras por el contrario atendían el parto en lugares con poca luz, tenían una tina de agua con agua tibia para sumergir y limpiar al recién nacido, de inmediato le ponían al niño en el seno de la madre, para que al lactar, se estimule la contracción del útero y salga la placenta sin complicaciones.
- Hasta tienen bebidas energéticas como un aguardiente, con miel de abeja, pasas, peras, manzanas, ruda y cascarilla o quinina, que es un muy eficiente tónico contractor del útero en el parto.
- Cuando el recién nacido había salido recogían la primer orina del niño, para mezclarla con ese preparado y dárselo a la parturienta, o a los que la acompañaban.
- Esa bebida despertaba la alegría de la gente, que de inmediato convertían al nacimiento en una gran celebración.
- La mamá, nunca dejaba de estar junto a su bebé, mientras que en los hospitales, los niños van a una sala de recién nacidos, donde incluso se podía extraviar o confundirse con otros.
- Volvió al dispensario se preparó para la que podía ser una larga noche.
- De acuerdo a su experiencia, incluso atendio el parto de su tres hijas y a dos las dos hermanas menores de Ana lo hizo en casa.
- Ana, ayudó en el parto en casa de su última hermana menor, cuando apenas tenia 9 años.
- Como fue siempre, la auxiliar o enfermera, que vivía en Esmeraldas, viajaba casi 4 horas para ir y volver diariamente a su casa
- A la media noche nació el primer niño con su ayuda en el pueblo.
- Tras el parto vino la sutura de la vagina, que tuvo que cortarla para que salga la cabeza de aquel niño de 4 kilogramos.
- Para no dejar pasar por alto la costumbre. recogió el orine del recién nacido, la mezcló con aquella botella de Frontera, el trago de caña, que tenía miel de abeja, cascarilla, ruda, que de inmediato lo compartían todos los asistentes a este extraordinario momento de alegría, fiesta y celebración.
- -¿Que hago con la placenta?- preguntó el flamante abuelo.
- - No la vaya botar. Tiene que enterrarla junto al un gran árbol, para que su nieto tenga bendiciones de la tierra- dijo la comadrona que les acompañaba.
- - Una de las comadrónas empezó de repartir el caldo de gallina criolla, el jarro de chocolate amargo, el preparado con aguardiente, entre los que habían asisitido al parto.
- El papá de Gioconda y los demás hicieron una ceremonia bajo un enorme árbol de mango, en que enterraron la placenta, pidiendo bendiciones a Dios y a la tierra para el recién nacido.
- Ya estaba llegando el sol cuando el Dr. Pepe, volvió a su cuarto en el dispensario para dormir profundamente, después de tan emocionante jornada.
- Al mediodía Berta la auxiliar vino a despertarlo.
- -Doctor despierte, que los pacientes lo están esperando.
- - Por favor dígales que me tengan paciencia. Anoche atendí un parto. Voy a pegarme un baño y salgo.
- - Está bien voy aprovechar para darles una charla de prevención del SIDA.
- - Si por favor. Deme un poquito de tiempo.

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